Messi y una primera vez inolvidable con Inglate...
- El capitán enfrentó por primera vez a Inglaterra y cerró a la altura de su grandeza. Dio dos asistencias para llegar a 12 en Mundiales y agigantar su historia. El domingo, será el primer argentino en jugar tres finales de Copa del Mundo.

Lionel Messi en el momento de la clasificación a su tercera final de Copa del Mundo. Único.
La primera vez, dicen, nunca se olvida. Lionel Messi se sienta en el césped del estadio de Atlanta para contemplar. Ya ha dado una de las demostraciones de fútbol y corazón más grandes de su carrera. Y no, no hizo goles justo en un día que le faltaba marcar en su calendario goleador.
Pero fue actor protagónico de un partido que quedará mucho tiempo en la retina, que va a marcar a una generación y una nación futbolera. Sus dos asistencias solo agigantan los récords, lo más importante es haber aparecido en el lugar indicado, en el momento justo, que le hacen dibujar esa sonrisa de alguien que se siente realizado. Al menos por ahora. Se ha convertido en el primer argentino en llegar a tres finales de Mundial. Puede ser el primer capitán en levantar dos veces el trofeo más deseado.
Y lo hizo con 39 años, siendo totalmente decisivo para la Selección Argentina. Poniéndose el equipo al hombro desde esa zona derecha a la que que tanto jugo le ha sacado en su vida. Lo hace gambeteando como en el potrero de Grandoli, Rosario, para desbordar a dos rivales de 21 y 25 años, y tirar el centro justo de derecha para la cabeza de Lautaro Martínez. Lionel Messi es el capitán de Argentina y este miércoles 15 de julio se elevó -aún más- en el status del pueblo.
Ese que le hace una reverencia contagiosa desde las tribunas, a la que se suman los propios jugadores, mientras Enzo Fernández lo pone en andas para mostrárselo al mundo. Hace una semana atrás, este grupo de compañeros había revelado que se había juramentado llegar al partido 104 de esta Copa del Mundo ampliada a 48 participantes. Pusieron la cara por Messi cuando las piernas más pesaban y, en el mismo estadio de los milagros en Atlanta, firmaban la remontada más épica de la historia mundialista contra Egipto.
Messi en lo más alto, en los hombros de Enzo. Foto: Juano Tesone
Guiñó el ojo antes de entrar, Messi. Su confianza se percibía en el ambiente. No había una sensación de dudas como quizás se notaba contra los "Faraones" o Suiza. Ni siquiera cuando vio cómo la presión de la Scaloneta -que funcionó durante casi todo el partido- quedaba desbalanceada para el gol de Gordon anticipando a Molina. Aplaudió y levantó a sus compañeros. Messi en particular y la Scaloneta en general nos enseñaron a siempre confiar, ¿no?
Estuvo participativo pero algo impreciso el capitán en el primer tiempo. Más allá de esa pincelada a los 37 minutos que hizo levantar a los fanáticos de sus butacas cuando trabó con Kane, mantuvo la posesión e hizo amonestar a Anderson. La "Pulga" tuvo el 67 por ciento de efectividad en sus 21 intentos de pases en esos primero 45 minutos.
Le pedía paciencia a sus compañeros, bajando las palmas de la mano y llevándose los índices a la sien. Tuvo su oportunidad en el segundo tiempo justo después del gol de Inglaterra, en una jugada que no se animó a rematar después que Giuliano Simeone había recuperado contra el costado derecho.
Se activó otra vez con la salida de Leandro Paredes, un movimiento táctico clave que descomprimió el medio y le entregó más libertades para jugar, ubicado sobre la banda derecha. Gambeteó viboreante como si tuviera 20 años para dársela a Nico González, que se la quiso devolver en modo Jordi Alba. Los mismos protagonistas se juntaron justo antes del segundo cooling break, cuando lo dejó solo al surgido en Argentinos Juniors para el cabezazo que tapó en forma espectacular Pickford.
Las dos asistencias llegaron con su capacidad de lectura y Spencer, que había jugado un partidazo, estaba muy cansado. A Messi, con 14 años más, le quedaba todavía aire. Juntó dos marcas y decidió. Primero fue hacia adentro para soltársela a Enzo Fernández, que hizo el resto con derechazo formidable. Y sobre la hora salió para su lado "ciego", el que generalmente los marcadores le ceden, y acarició la pelota con su pie derecho para ponérsela en la cabeza a Lautaro Martínez.
El reconocimiento del Toro al capitán. Foto: Juano Tesone
Apretó los puños mirando al banco de suplentes mientras volvía hacia la mitad de la cancha de la celebración del 2 a 1. Todavía le quedaba saltar dos veces a pelear la pelota en la mitad de la cancha contra un rival mucho más alto y esconderla para que se consuman esos minutos de más que da el árbitro Ismail Elfath.
Se derrumba arrodillado con el pitazo final. El juramento es realidad y, en su hipotético último baile, Messi jugará la Finalissima que paralizará el mundo el próximo domingo en el estadio MetLife de Nueva Jersey. Será contra el "bebé" Lamine Yamal, al que tuvo en brazos para una producción fotográfica hace años atrás en Barcelona. Pero esa será otra historia.
A Messi no le quedan cuentas pendientes en el fútbol. Foto: Juano Tesone
La primera vez, dicen, nunca se olvida. Y sino que le pregunten a Inglaterra que, como dijo Ibrahimovic, conoció la zurda (y la derecha) de Messi.


