Biazzi calificó de alarmante la deserción en las universidades
Indicó que sucede en el primer año de ingreso en todo el país y el gobierno no presta atención a tal realidad. Afirmó que estamos ante una ruptura del modelo educativo. Analiza las consecuencias del ajuste del gobierno nacional.

La figura de Ricardo Biazzi no es solo la de un ex rector de universidades o un ex ministro de Educación de la Nación, sino la síntesis de una memoria institucional con mucho peso para analizar la realidad de las universidades en el país. Transitó los pasillos del poder en el fatídico 2001, no como un espectador, sino como un gestor de crisis en un momento donde el sistema educativo no discutía presupuestos, sino la mera subsistencia.
Biazzi, destacado académico, abogado y político de vasta trayectoria, fue ministro de Educación de la Nación tras aquel colapso de 2001. “Me apasiona la docencia y reivindico el valor del conocimiento como herramienta insustituible en el afianzamiento de nuestra libertad y dignidad”, resume como presentación personal en las redes.
Su análisis actual es disruptivo, porque no se limita a la queja presupuestaria local.
Biazzi eleva la mirada y conecta el ajuste argentino con un fenómeno global de desfinanciamiento y un cambio de paradigma donde los recursos se desplazan de la formación humana hacia la defensa y el control tecnológico.
Su advertencia sobre el “adormecimiento” social es un llamado a la acción: el riesgo no es solo la pérdida de un edificio universitario, sino la disolución del ascenso social como contrato fundacional de la Argentina.
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Consultado qué y cómo recuerda esos días de “cinco presidentes” que se sucedieron por entonces, afirmó “fue una época álgida. Participé convencido de que se podía producir un salvataje en un sistema muy deteriorado. En educación había un colapso de subsistencia: comedores escolares paralizados y provincias con meses de deuda salarial docente. Tuvimos que diseñar un auxilio transitorio para poner a funcionar lo vital. Luego, con el presidente (Eduardo) Duhalde, seguimos trabajando para reflotar lo académico. Fue una experiencia dura, muy parecida en algunos aspectos a lo que vivimos hoy”.
¿La actualidad del sector es más parecido al 2001 o a los ‘90 en términos de la situación universitaria pública?
Muchos hacen paralelos por la gravedad del impacto, pero hoy hay una característica diferente: el origen de las decisiones. Más allá de la figura de (Javier) Milei, hay que mirar el escenario internacional. Hay un deterioro mundial del sistema educativo. En la Unión Europea y en Estados Unidos, con figuras como Donald Trump, vemos una caída estrepitosa del financiamiento. Lo que se le quita a la educación se aporta al sistema de defensa y guerra. No es casualidad; hay una intencionalidad de quiebre que pone en crisis al sistema democrático global.
¿Las consecuencias de este desprecio por lo público se verán pronto o es algo a largo plazo?
Los resultados educativos se ven siempre a largo plazo. Hay politólogos que analizan el surgimiento del nazismo en 1933 y se preguntan por qué la sociedad civil no actuó distinto al inicio, teniendo los datos.
En Argentina hoy noto un adormecimiento por hartazgo. La sociedad está ‘achanchada’ frente a perjuicios notorios porque está cansada de políticas insatisfechas.
Estamos perdiendo el hijo doctor, ese orgullo del ascenso social que marcó la década del 50. ¿Hacia dónde se desplazó ese deseo de superación?
Hoy lo aspiracional ronda el desarrollo tecnológico y las redes, un complejo del cual el sistema educativo parece marginado. Además, el esfuerzo hoy no se reconoce igual. Tenemos dos millones y medio de estudiantes universitarios (en la Argentina), pero la deserción en el primer año es alarmante: de 1.000 alumnos, al año siguiente quedan menos de 500. El Estado debería atender esto con vehemencia en lugar de desoírlo.
Cuando se ataca lo público, ¿se beneficia al sector privado o el daño es general?
El deterioro general perjudica a todos; nadie se salva. Existe un desdén por la cultura y la creatividad. El presidente (Milei) dice que llega al Estado para destruirlo, y eso afecta la base de cualquier institución educativa, sea estatal o privada.
¿Qué interpreta cuando el Gobierno habla de una ‘batalla cultural’?
El desafío es tomar conciencia crítica. Estamos frente a un modelo que no es fascista ni comunista, sino que busca un poder hegemónico basado en algoritmos y corporaciones. Buscan una manipulación sobre la sociedad donde los valores de creatividad y solidaridad desaparecen. Eso es un perjuicio directo para la vida diaria de cada ciudadano.
El perfil
Ricardo Biazzi es doctor en Ciencia Política. Magíster en Administración Universitaria. Especialista en Gestión y Administración Universitaria. Ex rector de la Universidad Gastón Dachary y de la Universidad Nacional de Misiones.
Ex miembro del Directorio de la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (CONEAU, designado por el Poder Ejecutivo Nacional, a propuesta de las universidades nacionales (1996-2000).
Ex secretario de Educación en el Ministerio de Educación de la Nación. Ex ministro de Educación de la Provincia de Misiones.


