La frase que convenció a Milei: “Para la gente, Insaurralde y Adorni...”
A Milei le mostraron una encuesta con una nueva caída de su imagen a 33%. El Gobierno vio que la demora en la interpelación abría una ventana.
Karina Milei y Patricia Bullrich.
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El Gobierno consiguió retrasar esta semana la interpelación a Manuel Adorni en el Congreso y con esa rayita de luz, la primera que se le abrió desde el 8 de marzo, Javier Milei entendió que, finalmente, había llegado la hora de pensar en designar un nuevo jefe de Gabinete.
Milei venía corriendo desde muy atrás la agenda de desventuras de su ex vocero, con los medios revelando a cada hora detalles delirantes sobre el desordenado crecimiento patrimonial de Adorni; los testigos confirmando en la Justicia cada una de las denuncias y el Poder Legislativo apurándose por echar -por primera vez desde que la Constitución Nacional lo permite- a un jefe de Gabinete.
En los últimos días ese vértigo perdió velocidad, cuando el Gobierno convenció a sus aliados en el Congreso de que acomodaran sus pedidos de interpelación al Jefe de Gabinete a un cronograma que le dejara lugar al Presidente para tomar la decisión de abandonar el capricho de sostener a un funcionario tan poco funcional como Adorni.
Desde España, en medio de uno de esos estrafalarios viajes que emprende para recibir premios desconocidos y reunirse con micro estrellas del universo conservador, el Presidente pudo entender que esa mini tregua le permitía retomar el control sobre su propio staff.
¿Eso indica que Milei quedó habilitado para convertir una renovación de gabinete forzada por un escándalo en una buena noticia? No, de ningún modo. El Presidente viene notando que cada semana empeora su imagen pública por culpa de Adorni y sabe que lo que él mismo quiso destacar como un valor -la fidelidad hacia un miembro de su equipo- es percibido por los argentinos como un simple encubrimiento. En los últimos días Milei recibió una encuesta que lo pone a él con 33 puntos de imagen positiva. Eso indica que, luego del leve repunte en mayo, hoy los números del Presidente están otra vez en el piso histórico al que se había derrumbado a finales de marzo, el mes en que arrancó el tembladeral con la nota de Clarín que reveló que Adorni había viajado con su mujer a la Argentina Week en Estados Unidos.
Esa encuesta que llegó a las manos del Presidente dejó a la vista una certeza que un dirigente oficialista importante resume así: “Para la gente, Insaurralde y Adorni son la misma cosa”. Ese dato terminó de quebrar la resistencia de Milei a desprenderse de su ex vocero.
Karina Milei y Patricia Bullrich.
Fuentes del Gobierno dicen que Karina Milei ya había dejado de escuchar los argumentos de su ex protegido hace varios días y que sólo la simpatía del Presidente lo mantenía en su cargo. Ahora, al comprobar que para la opinión pública la pileta con fuente, los pagos en dólares en efectivo, el uso de tarjetas de crédito de sus empleados y los préstamos de jubiladas son algo tan turbio como los vestidores con cajoneras repletas de dólares, al Gobierno no le quedaron demasiados motivos para seguir sosteniendo al ex niño mimado del proyecto libertario.
El reemplazo del jefe de Gabinete será, en ese sentido, una reducción de daños. No es gran cosa, pero seguro es mejor que seguir cayendo por un pantano en pendiente. También hay que decir que esta reacción de los Milei puede ser considerada una victoria en el corto plazo. Es una victoria porque hasta hace 15 minutos, la familia gobernante no tenía otra posibilidad de admitir que Patricia Bullrich les había echado a un funcionario clave. Hoy, en cambio, podrán decir que lo echó el Presidente o, en todo caso, que Adorni dejó su cargo por voluntad propia.
Sin embargo, se sabe que esa mirada tiene un plazo de vigencia corto, porque ya hace demasiadas semanas que la población conoce los reparos que tiene Bullrich sobre Adorni e incluso sabe que Mauricio Macri estaba dispuesto a impulsar su salida. Bullrich y Macri fueron muy claros con sus propios grupos de votantes cuando pidieron -o mandaron a pedir- las explicaciones y luego la renuncia de Adorni. Por eso mismo, es posible que en el mediano plazo a Milei le cueste recuperar los apoyos que perdió entre los votantes identificados con el PRO y la UCR, por ejemplo.
Sin embargo, la cuenta puede ser otra si el plazo se estira hacia las elecciones del año próximo. En ese caso, Milei puede apostar a la baja de la inflación y a que, en algún momento de los meses que quedan de este año, ocurra algún tipo de reactivación económica visible a nivel masivo.
Esta semana, la consultora Equilibra publicó un informe que indica que, luego de siete meses de caída, el ingreso disponible de las familias -lo que queda en los bolsillos luego de pagar los gastos fijos- registró en abril una suba del 0,8% con respecto al mes anterior.
Ese crecimiento se explica, eso sí, por el crecimiento de los salarios de los trabajadores formales, porque el resto de los argentinos -trabajadores informales, jubilados y empleados públicos- perdió ingresos en ese período.
El gran problema para Milei en este punto es que su economía, según se desprende de los números oficiales, incrementa la cantidad de trabajadores en negro y adelgaza la cuenta de los empleos formales. Si los beneficiados son cada vez menos, se volverá más difícil conseguir más votos.
También quedó claro con los datos de esta semana que, a pesar de los beneficios fiscales del RIGI, la inversión viene en caída, lo cual abre otra perspectiva negra para la economía argentina del futuro cercano.
Sí es cierto que la inflación está bajando y que el bienestar que proporciona esa situación lo pueden sentir todos. Junto con el dólar quieto, la inflación decreciente es el mejor tranquilizante que conocen los políticos argentinos.
Hay un dato que hay que destacar y que tal vez sirva como balance de todo este larguísimo episodio. Milei mostró que no tiene hoy bien sintonizada la antena que le permitió conectar con el humor social durante toda su breve e intensa carrera política. El Presidente puso, sin que nadie se lo reclamara, a “la moral como política de Estado” en el centro de su gestión en la inauguración de las sesiones ordinarias del Congreso y justo una semana más tarde se prendió la mecha del incendio que desde hace meses consume su poder político.


